
El polvo se pasea por las calles desiertas con la autoridad de un ejército triunfante. A los costados, las casas deshabitadas resisten de pie al devastador avance del abandono. El sol del mediodía, como si fuera una lupa, amplifica la presunción: Santo Domingo, desangrado por un éxodo constante, parece rendirse en forma incondicional ante el olvido.
La magnitud de la batalla se refleja con crudeza en el edificio del bar, con sus ladrillos minados de cicatrices. Ya no se ingresa por su puerta principal -clausurada definitivamente- sino por un costado. Adentro, entre humildes mesas y rondas de fernet con amigos, se esconde uno de los últimos focos de resistencia. La amabilidad de su gente hace olvidar de inmediato que el pueblo -de 137 habitantes y perteneciente al partido de Maipú- corre riesgo de desaparecer.
En 2003 hubo un intento para dar vuelta la historia: Santo Domingo fue uno de los sitios elegidos por el Gobierno bonaerense para poner en marcha el Plan Volver, una iniciativa que buscaba repoblar parajes golpeados por el despoblamiento. Pero las promesas de trabajo -como sucede luego de las tormentas- quedaron empantanadas en el difícil camino de tierra que nace en la ruta 2, a pocos kilómetros de General Guido.
La estación ferroviaria, pese a todo, se muestra prolija y en excelente estado. La playa de maniobras es amplia -herencia de cuando el pueblo superaba los mil habitantes- y el silencio, tan conmovedor como la infinita llanura que se adueña del horizonte. Un perro duerme al sol en el andén; el mediodía, mientras tanto, le cede lentamente su lugar a la tarde. Cuentan que el tren todavía pasa dos veces por semana. Pero como si conociera el destino de Santo Domingo, sigue casi siempre de largo.

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La última batalla de Santo Domingo
Publicado por
Miguel Middonno
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